Julián Lorca se convierte en el primer embajador de la Academia Ameghino en el mundo

Julián Lorca tiene 16 años (25 de octubre de 2003) y 2,08 mts y desde que pisó Ameghino por primera vez para tener el primer contacto con una pelota de básquet, hace tres años y medio, rápidamente se convirtió en un más que interesante proyecto por su corta edad y su gran envergadura.



Con el paso del tiempo, fruto del intenso y consciente trabajo que desarrolló junto a los profesionales del León, logró una rápida evolución que le permitió ir demostrando estar a la altura de las expectativas que se posaron sobre él, a punto tal que integró planteles formativos de la Selección Argentina (disputó el FIBA Américas U16 y participó del Campamento “FIBA Américas Youth Élite” y en la Academia CABB) e incluso debutó en el equipo profesional del León, en la Liga Argentina (24 de noviembre de 2018, de visitante, ante Unión de Santa Fe).


Por eso, no fue sorpresa que su talento haya despertado interés más allá de nuestra frontera. Hoy, Ameghino debe anunciar su partida, con el orgullo que significa que un jugador nacido de su cantera haya sido observado desde tan lejos: Julián afrontará una nueva experiencia deportiva/educativa en una escuela secundaria de los Estados Unidos.

Ameghino entabló conversaciones con la Schoolhouse Preparatory de Miami, quien mostró interés en el jugador de nuestra institución, para abrirle las puertas a que continúe sus estudios, siga formándose deportivamente, y pueda soñar luego con buscar un lugar en una universidad de los Estados Unidos.



Por eso, hacia allá partirá el próximo lunes 28 de septiembre. Cabe destacar que el reconocido entrenador argentino Guillermo Vecchio es el coach del equipo de básquet la entidad educativa del estado de Florida, y fue quien hizo de nexo entre las partes para que se logre un acuerdo fructífero. Ameghino conservará los derechos federativos de Julián a nivel FIBA.


“Es una oportunidad muy importante de conectar a Ameghino con el mundo, en este caso, con el básquet de los Estados Unidos”, destacó Pablo Giraudo, director general del León.

Ameghino viene realizando un minucioso y exhaustivo trabajo en las inferiores desde hace años, donde la prioridad es formar íntegramente al jugador/persona en todos sus aspectos. Por ello es que el equipo de profesionales que se desempeña en el club es cada vez más amplio y experto. Esta misión, dio lugar al nacimiento de la Academia Ameghino, por lo ambicioso de la propuesta, sus valores, y su visión. La partida de Julián no hace más que reforzar que el camino que se está transitando es el correcto.

La historia de Julián

A Julián Lorca no le gustaba el básquet. “Algunas veces iba a un polideportivo del barrio con mis amigos, pero no sabía jugar”, recordó sobre sus primeros contactos con este deporte.

Fue en Ameghino donde se enamoró de la pelota y donde se dio cuenta que podía valorar por sí mismo sus centímetros: “En sexto media 1,85; en primer año 1,96; en segundo 2,03; y lo que tenía es que no era flaquito, además de alto era corpulento”.


Julián abrió su corazón antes de partir a Estados Unidos, un desafío que nunca imaginó que llegaría cuando entró a la Leonera por primera vez.

“En mi infancia probé muchos deportes: Fútbol, vóley, rugby, pero no era mucho de hacer deportes. Y mi viejo, lo que tuvo de bueno, es que nunca me insistió. Pero en tercer año, como estaba un poco pasado de peso, ahí si me dijo que empezara a jugar a algo. Ahí empecé a venir a Ameghino, fue mi primer contacto serio con el deporte. Tenía 13 años y venía a entrenar una vez a la semana nada más”, rememoró.

Su papá también practicó este deporte y su hermano menor lo había comenzado un mes antes que él. “A mi papá le pareció un buen club Ameghino, y a mi hermano le había gustado, por eso vine acá”, contó. En el club, su llegada se robó rápidamente todas las miradas. Es que fue imposible ignorar como su tallo largo, sus interminables brazos y sus infinitas piernas le daban forma al nacimiento de un nuevo León.


Sus primeros contactos con la pelota, aseguró, no le costaron. En realidad, confesó, “siempre sentí que me costaba poco aprender a jugar a cualquier deporte”. Pero en Ameghino sintió que “iba progresando muy rápido”. Y no se equivoca: “Jugué tres meses, entrenaba muy poco, una vez a la semana, y me llamaron a una preselección Argentina”. Lo que pasó allí, lo incentivó a querer prepararse mejor. “Cuando fui ahí me mataron, entrenamos una semana entera, seis horas al día”, recuerda con orgullo Julián.

A su tiempo

Julián es fruto de un árbol llamado Ameghino. Un ejemplar que se ha ramificado a más no poder hasta convertirse en la Academia Ameghino, para desprender cada vez más y mejores personas que, entre otras cualidades, sepan jugar al básquet.


“Siento que mi evolución fue rápida. Yo no sabía jugar al básquet, y aprendí mucho en cuanto a fundamentos, a técnica. El apoyo que me dieron los profesores fue fundamental. Me he hecho goles en contra, pero los profes, el club en general, me apoyaron siempre”, soltó con un tono de agradecimiento y satisfacción.


De hecho, se lleva del club también el hecho de haber podido ir a su ritmo, sin presiones, más allá de que sus tantísimos centímetros lo ponían entre las más importantes proyecciones del básquet local/provincial/nacional: “Me hicieron saber que no importara cuanto me tardara, iban viendo progresos en mí y que por más que cometieran errores en la cancha veían cosas que hacía bien y eso me ayudaba a seguir jugando al básquet, porque el deporte al principio no me gustaba”.

-¿Cuándo te empezó a gustar, Julián?

-“Le agarré gusto y amor al deporte después de pasar un año en el club, cuando me sentía mejor físicamente. Porque antes sentía que no coordinaba bien, no corría rápido, no tiraba bien. Todo eso fueron frutos de los entrenamientos individuales que tenía con los profes. Nos poníamos solos en el patio entrenando tiro, los movimientos de pie, movimientos de frente, pique, de todo”.


Recién en 2019 hubo un clic en su cabeza “y me di cuenta que podía llegar a pensar en dedicarme al básquet”. “Fue luego de una convocatoria con la selección, un premundial que jugué, ahí me di cuenta que me gustaría vivir del básquet profesional”, confesó.


También ese año sucedió algo que le permitió sentirse más cerca de eso que se empezó a convertir en un sueño: “Tuve la posibilidad en 2019 de formar parte de los entrenamientos del plantel de la Liga Argentina, de ser parte del plantel, y me sirvió mucho porque me faltaba roce. Además, por los concejos que te dan, jugadores como Abel (Aristimuño), ver sus decisiones, sus palabras… te hacen dar cuenta que te falta una cosa u otra”.


Entre risas, Julián recordó el día que debutó de local con el plantel profesional que dirige Pablo Castro, rememoró los gritos de la gente en la tribuna pidiendo por su ingreso, y las dos fajas consecutivas que tiró apenas tocó la pelota.


Pero, también se vino a su memoria un momento que tuvo que vivir desde lejos: “Me quedó el sabor amargo de no poder haber participado con mi equipo en el Final Four de U17 (de la Liga Cordobesa) aunque estoy feliz porque mis compañeros lo ganaron y fuimos campeones. Yo en ese momento no pude estar porque estaba jugando un premundial en Brasil”.

-¿Qué es Ameghino para vos?

-“Para mi Ameghino es como mi segunda casa, me dio mucho la gente, los entrenadores, mis compañeros de equipo, los contrincantes. Me encantó estar acá y me dio sobre todo el amor que tengo hacia el básquet”.


-¿Qué vas a extrañar?

-“De Ameghino voy a extrañar mis compañeros a quienes les tengo mucho cariño, a la gente en general, a los entrenadores, al cuerpo técnico, al Facu (Murias), Pablo (Castro), Rami (Ortiz), al Nico Tilloy (ex entrenador del León). Y a los chicos de Villa María que estuvieron todo el camino conmigo como Guzmán, Brusa, Nani, Lerda. Voy a extrañar a mi familia, que estaba siempre conmigo, en cada partido venían a verme. Ver a mis abuelos en la tribuna. Anque voy a seguir con ellos a la distancia”.


-¿Cuál es tu sueño?

-“Mi sueño hoy es, en un fututo, poder dedicarme al básquet profesional. No importa tanto en qué nivel, pero poder vivir de eso. Y si se me da la posibilidad, entrar a una Universidad de Estados Unidos para hacer una carrera y, a la vez, seguir jugando al básquet”.




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